Infraestructuras ecológicas

Las infraestructuras agroecológicas son un conjunto de elementos no directamente productivos que aportan servicios al agroecosistema. De esta manera, se consideran infraestructuras elementos de entorno como cultivos adyacentes, zonas no cultivadas (bosques, páramos), canales de agua o márgenes de piedra, y también elementos de finca como setos, cubiertas vegetales, bandas floridas o nidos para pájaros y murciélagos.

Infraestructuras agroecológicas Georgina Alins Valls IRTA – Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentarias

Los bordes del cultivo sirven de importantes hábitats para el refugio en determinado momento de la temporada y funcionan de forma importante como lugares de invernación para varias especies de carábidos.

Un estudio de la dispersión de carábidos y estafilínidos adultos desde los bordes del campo hacia el cultivo de cereal
(Combes y Sotherton, 1986) demostró que los coleópteros pueden ser recuperados hasta 200 m dentro del cultivo.

El efecto de franjas de Phacelia también se ha estudiado en cultivos de calabacín, en donde aumentó la cantidad de sírfidos y disminuyeron las poblaciones de áfidos. Speight (1983) cita un trabajo en el que se demuestra que franjas de eneldo y cilantro en cultivos de berenjena hicieron elevar la cantidad de depredadores (Coleomegilla maculata y Chrysoperla carnea), aumentar los índices de consumo de huevos y disminuir la supervivencia larval del escarabajo de la patata (Leptinotarsa decemlineata)

La necesidad de aportar estabilidad es mayor en los cultivos herbáceos

Los cultivos anuales, y gran parte de la horticultura mediterránea intensiva en particular, representan un reto especial para el control biológico. Muchas zonas se caracterizan por una gran variedad de cultivos que se siembran y cosechan al cabo de pocos meses, con frecuente laboreo y un uso intensivo de la tierra que reduce los márgenes con vegetación silvestre. Como consecuencia, los entomófagos deben recolonizar el campo de nuevo en cada cultivo con lo que materialmente no hay tiempo para que se establezca una relación duradera con la plaga. Por ello es necesario reestablecer en la finca aquella ‘estabilidad’ que no se encuentra dentro de la parcela.

(En Alomar, O., & Albajes, R. (2005). Control biológico de las plagas: Biodiversidad funcional y gestión del agroecosistema. Biojournal. Net, 1–10)

“franjas para la conservación de depredadores”

se disponen paralelas a las líneas de cultivo (estas bandas son de 0,4 m de altura, 1,5 m de anchura y 300-400 m de longitud) y pueden ser colocadas a intervalos atravesando el cultivo para favorecer las poblaciones de enemigos naturales en toda la superficie cultivada. (Thomas y Wratten, 1990). Estas franjas pueden ser creadas de nuevo cada
año si el agricultor desea cambiar la dirección de la labranza.

“corredores vegetales”

Permiten a los enemigos naturales emerger desde la vegetación forestal de ribera para dispersarsesobre grandes áreas de otros sistemas de monocultivo. Deben de estar constituidos por especies localmente adaptadas y con periodos de floración secuenciales, que atraigan y albergen a una abundante diversidad de depredadores y parasitoides y que incrementen la biodiversidad. Estos corredores  podrían enlazar varios cultivos y vegetación forestal, creando una red que permitiera a muchas especies de insectos beneficos dispersarse a través de regiones agrícolas completas mas allá de los límites de la finca (Baudry, 1984).

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